Friday, April 19, 2013

El Cuento de la Primeritita Comuñón de Menchedita Copalchines de Salarrué

Puesiesque Menchedita Copalchines, hermanita de su hermanito más chiquito y hija diuna su mamá que asaber cómo se yama, iba hacer su primera comuñón y lestaban haciendo un vestidito blanco con nardos de rosa y margaritas de violeta; zapatíos tordíos pringados de perlas de huishte, diamantíos de puro zafir; y una candelota con corbata (bien tipa la candela); y coronita de azajares sobre la chirimbamba de pelo puro permanente con olor y todo. Y entonce como la comuñón era ya de mañanita del día descués diayer, la mandaron a confesarse con un cura en un cajón con siya en las paredes. Y ayí era el miedo pelón de los pecados quiasaber cómo se decían y asaber si eran o nueran, pero porsiacaso la Menchedita tenía apuntado en un papel y cuando vio que se levantó una niña envolvida en un chal se acercandito chiyistripes, truenisdedis, al conjesionaire y cuando el pagre hizo así la mano por la ventana como para que siguiera el tren, se jue a la carrerita y sincó mirando pordetrás del asiento e siya y le dijo al pagre: "Güenas tardes, pagre, ¿qué por aquí sechan los pecados?" "Sí, mijita" le dijo quedito, "se dice: me acuso padre de talitalcosa y de talitalotra". Y entonce dijo así y el pagre le dijo que no, que dijera sus pecados, y la Menchedita Copalchines dijo: "Miacuso pagre, de que tengo pecas". "¿Cómo?" le dijo, "¿de que tienes qué?" "¡Ay diosmío, pero si yo no tuve la curpa, porque una gayina me quebró la boteyita de crema que medio mi mamá dialmendras!" "¡Qué cosas dices!" dijo el cura bien adentro y con algüerrisa. "Miacuso, siñor". Siguió diciendo, "de quel otro día anduve mentando a Maurischevalié, ¡ay, ya lo menté otragüelta!" "¡Pero sieso nués pecado, hijita!" le dijo el pagre, de güeno, haciéndose quenuera. "¡A pue si nués pecado perdone!" le dijo la Menchedita. "Miacuso siñor d le dicen angustia y yo me embocé en las sábanas y recé un padrenuestro de puro miedo". "¡Pero hijita!" le dijo el cura, "¡Sieso nués pecado tampoco, los sueños son sueños!" "A pue, perdone" le dijo la Menchedita. "Miacuso también de quiando siempre las orejas yenas de un cuento amariyo. ¡Eso si, eso si está muy malo!" le dijo el pagre "porque deben lavarse muy bien todos los diyas con jabón". "¡Puesi son tololos de jabón los que me saco!" le dijo la Menchedita, "cabsa que miunto mucho porque mi mamá me dice que miunte bastante". "¡Caramba, caramba!", dijo el cura, "pues casi nués pecado tampoco"... "A pue, perdone" le dijo la Menchedita y descués dijo: "¡Ay diosmío y no vuá poder hacer mi primera comuñón mañana cabsa que no tengo pecados!" "¿Comueseso?" le dijo el pagre. "Puesiesque ustedes tienen la culpa porque no lenseñan a uno a hacer pecados, ay, virgen santa; ¡y tan chulo mi vestidito!" y se puso a yorar. Entonces el cura le dijo: "¡Ya ves, ya ves hijita? ¡eso sí que es un pecado, estar acusando así a los mayores y estar dándole importancia a un vestido; eso sí que es pecado!" Y entonce la Menchedita dijo "¡Gracias a Dios que al fin tuviuno para poder comulgar y le pormeto que gúavenir sin vestido mañana para no darle importancia y que me quede parir al cine" y el cura nuaguantó ya la risa y se tiró una gran carcajada y como estaba entrelcajón sonó muy gordo y la Menchedita siasustó y salió corriendo y gritando: "¡Ay, el padre se loquió cabsa que le dije un pecado, vayan a sacarlo y lo soban!" y se jue ligeriano parasucasa y siacabuche.

Sunday, February 10, 2013

Algún Miércoles, Jueves o Viernes


Miércoles

“Ajá, sí, aquí se la tenemos… dénos 5 minutos y ya se la traemos”

Debía de admitir que cuando entré al puesto –al mercado de hecho- no sabía que esperar… pero las imágenes creadas hacía pocos minutos tras años de negativos comentarios de los ajenos a esos entornos no eran nada halagüeñas… Esperaba cualquier cosa, especialmente negativa. Cualquier cosa menos ese hombre de amable y jovial trato, campechano y servicial.

No tardó en llegar el compañero del puesto. Efectivamente traía en sus manos lo que buscaba, la carátula de reemplazo para el CD player del auto, aunque no debía sorprenderme. Después de todo, era un modelo muy popular en el país, perfecto para mantener la cadena de consumo en funcionamiento: “Cuál es el que buscan?” “El Pioneer 200” “Cachimbón!” A medida que corría la voz, la demanda aumentaba y poco a poco, cerraduras y ventanas cedían, las pequeñas carátulas de los equipos desaparecían, y terminaban, como no, en mis manos tras pagar una suma por su recuperación.

Acordamos un precio, elevado considerando que el artículo era de “segunda mano”, pero al fin y al cabo la mano de obra en el país era mal pagada. Además supongo que el intermediario consideraba las dificultades por las que el ‘proveedor’ había pasado; vigilar que el cuilio no se acerque, cortarse la mano con la ventana reventada, gastar calorías en golpear a su legitimo dueño. Mejor no pensar más en ello.

Al pagar, el hombre que me había recibido me da un sólido apretón de manos, agradece la compra con toda la cortesía del mundo y me da su tarjeta de negocios. Cuán amable parece el submundo del crimen en esta tierra… con sonrisas, protocolo y cordialidades.

Jueves

Llegué al bufete. Para variar el señor notario había salido por unos minutos. Recordaba mis palabras no mucho tiempo después de regresar al país “jamás vayas a realizar trámites con prisa en este sitio indómito… será imposible”.

Tomo el inconveniente con calma. El notario tardaría, mucho lo más seguro… ¿Esperaba o seguía buscando? No conocía el pueblo, ¿a cuanta distancia y en dónde se encontraría otro? ¿Preguntaba? Cinco minutos no es mucho. Esperaría. En ese tiempo descansaría y luego, hasta se apiadarían de mi alma y hasta capaz me orientarían al más cercano competidor.

Los muebles de la oficina reflejaban que el local fue montado en los 70 y desde entonces, personal habría cambiado, clientes ido y venido, pero fuera del fax y alguna que otra computadora, el señor abogado había anclado su gusto mobiliario por el de la década de mi nacimiento. “¿Por qué las entidades en esta mi tierra se anclan en un período y parecen condenadas a estancarse ahí… hasta desaparecer, sin cambios? Sólo es de entrar a cientos de oficinas, negocios, tiendas… y no cuesta saber en qué momento de nuestra historia tuvieron origen.”

No había prestado mayor atención al reloj cuando la secretaria me indicó que pasara adelante. Al entrar al despacho, me atiende un asistente.

“¿Al señor notario necesita? ¿Tiene prisa? Él no se encuentra… pero aquí cerca…”

Par de minutos después me encuentro en camino. Localizo el edificio, de anónima e impersonal arquitectura de los 80, con pequeñas oficinas decrépitas. Uno de esos complejos comerciales con tan poco movimiento de clientela que tiendo a calificarlos como moderadamente trágicos.

Entro a la oficina del notario. Este se encuentra tocando guitarra medio murmurando una canción mientras una vecina le habla del evangelio. Es obvio que he interrumpido, lo último que esperaban ambos en este lugar olvidado del mundo era un cliente. Sin embargo, no parece molestarles. Ambos me saludan amablemente, el señor notario aparta su guitarra y me atiende cortésmente.

La oficina es tolerablemente desordenada, con polvo acumulado sobre múltiples expedientes y cartapacios. También hacen bulto periódicos y objetos personales en cada esquina del inmueble. La poca luz que entra me resulta molesta. Frente a mí, se exhiben orgullosamente los varios diplomas que avalan la experticia del señor notario, cubierto cada uno con su respectivo velo de polvo… reflejan –pienso yo- algún ya olvidado sueño por un brillante futuro con apellido de renombre y lejos, muy lejos de un desdeñado edificio multiusos que pretende ser centro comercial.

La mano del notario con gran seguridad imprime su sello en el documento. A pesar de las apariencias del entorno el gesto demostraba dignidad, el de que era una persona certificada, avalada para brindar ese servicio. “¿Va a necesitar copia?” me pregunta la mujer, a esto le siguen una serie de confusas indicaciones que apenas puedo seguir, pero que sin pensar más en el asunto, me dirigen a la segunda planta del edificio.

Recorro los pasillos superiores sin suerte. O no entendí las instrucciones en lo absoluto, o el sitio de copias carecía de rótulo. Lo procedente en esta tierra era preguntar, más de alguien me guiaría, pero con usual reticencia, abandono el edificio. Encontrar un sitio de copias no sería mayor dificultad por mi cuenta.

Me reúno con Phiusa, y pedimos las usuales infusiones herbales. Alguna cosa peculiar, la más curiosa que se encuentre en el menú; ¿hibisco y menta? ¿Por qué no? Adelante.

Mientras degustamos abordamos el tema de la nación y su coyuntura política. Nos resulta agradable la idea de eliminar al 90% del congreso del país; elaboramos conspiraciones: accidente de avión camino a una cumbre internacional, envenenamiento por alimentos contaminados en alguno de sus usuales festejos de hotel, contratar algún francotirador que los elimine poco a poco. Mencionamos nombres, etc. En cinco minutos, hemos resuelto los problemas de la nación.

Viernes

Como de costumbre Andrea tarda en alistarse. Para cuando sale llevamos ya varios minutos de atraso pero me tiene sin cuidado. Después de todo el llegar a tiempo al gimnasio no es algo que tenga mayor prioridad para mi persona.

Al girar en la esquina de la calle principal, en la acera opuesta, yace el cuerpo acuchillado o balaceado de algún cristiano. La policía mira pasivamente la escena, uno que otro vecino también. Nosotros proseguimos, la muerte es ya demasiado común en nuestra provincia como para despertar mayor curiosidad.

Más noche hablo con mi chica por teléfono. La situación en su hogar sigue intranquila tras el robo de hacía unos días en que su madre y su hermanito llegaron para descubrir la casa desvalijada y una fétida cagada por los perpetradores, extraña tradición de nuestros truhanes según averiguamos después. Su hermanito, me explica ella, tiene temor, inquietud, de seguir durmiendo en ese hogar que ya no considera seguro. No sabe qué decirle.

Recuerdo aquel viaje al norte del país con José, mi amigo español, en que caminábamos por las veredas y los moradores nos saludaban con todo el amor posible. Sonrisas, candor, todos sumamente entrañables.

“¿Quién en este sitio es que comete los crímenes? Si son sumamente amables!”

“Ni idea José… ni idea” 


Sunday, September 23, 2012

Rescate Nocturno


“Alguna otra ventana tengo que tener abierta…” me dije, tratando de ubicar el extraño sonido que escuchaba mientras veia videos en internet.

Alguna otra página, otra ventana en el ‘browser’ tenía que estar emitiendo ese sordo pedido de auxilio que percibía. “Busquemos…” razonaba mi mente, pausando el tonto video de Youtube –sobre automóviles para variar- que había buscado a esas altas horas de la noche para ganar algo de sueño. Hay cada cosa en este mundo, y entre las canciones pop de fondo y los extraños sonidos que Microsoft escoge para sus aplicaciones, el que algún desviado –entre millones de personas que crean páginas web- añadiera voces de auxilio en su página era posible… La otra posibilidad era más increíble y desagradable. La postergaba.

“Auxilio”, el llamado se hacía más insistente. Ya no cabía duda.. no me dejaría libre el que todo fuera un simple efecto sonoro añadido por mal gusto. Apagando los parlantes del equipo, me acerco a la ventana y puedo distinguirla; una señora en sus 50s, con su bata y rolos agitando los brazos para llamar la atención. Cuchillo en mano.

Miro con más cuidado; quizás sí estaba dispuesto a brindar ayuda… siempre y cuando no se tratara de una jauría de pandilleros causando Dios sabrá que males. No, no lo considero cobardía, es la simple y pura verdad. Seré idealista y románticamente… heroico –en mi mente. Pero conozco mis limitaciones y después de toda una vida dedicado a la lectura, el dibujo, la pintura y el arte –esas aspiraciones preciosistas que muchos aprecian pero pocos pagan- reconozco que el intervenir físicamente contra una turba maliciosa no sólo no conllevaría a evitar el triste desagravio, sino que terminaría en mi muy seguro cese de existir en esta forma humana. No, de ser una turba, llamaba a la policía, fin del asunto y a vivir con el remordimiento y el sentido de impotencia.

Con la escena examinada cuidadosamente decido intervenir. Bajo las escaleras, despertando al guardia -quién, dicho sea de paso, debería ser el que haya respondido. Como de costumbre dormía a estas horas. Menudo hombre de armas que ha de defenderme en caso de un crimen en mi hogar. He de dormir mejor ahora conociendo su alta eficiencia?

Apesadumbrado y sin comprender bien lo que ocurre, me despeja el camino, y abre el portón principal. Me ha de acompañar? No, él conoce bien su trabajo y habrá de velar por el pedazo de edificio que le pagan para cuidar. Exacto, esta no es misión para un hombre de armas mal preparado: es una misión para el señor delgado que se dedica a dibujar dulces figuras infantiles. Abran paso espectros de la noche que vengo con el borrador cargado.

“Gracias a Dios que me escuchó… que he estado en todas las otras casas y nada! Nadie! Venga que la niña, está encerrada en el cuarto y algo le cayó mal y no la puedo sacar! Yo creo que algo malo le cayó en la comida.. se me ha congestionado!”

Bien, mucha información, así son las mujeres. Rápidas para decir datos sobre las situaciones… Y así somos nosotros, lentos en comprender la retahíla que recién nos han expuesto. Intentando descifrar todo bajo alguna lógica que nos elude.  Nosotros queremos cosas más concretas: Congestionada? Cómo sabe eso? Cómo llega a esa conclusión? Niña? De cuántos años? A dónde me lleva doña? Y cómo se encerró ella en ese cuarto? En qué me he metido?

Primera vez poniendo pie en esa casa. Justo a la derecha de la mía y jamás había posado mi vista detenidamente en ella, así de anónima es. Ahora era invitado inesperado. Qué hora es mi’jo? 1:30 de la mañana ya? Reviso a mis espaldas, quizás cambió de parecer el guardia. Nada, sigo por mi cuenta… El delgadito se las ha de poder con una puerta recalcitrante. Recibo el cuchillo en las manos.

“Mire, que llevo intentando abrir con esto, quizás usted puede. Que la niña pide auxilio y no la puedo sacar… que puso llave…”

Sí señora, ya escuché… pero no le digo nada. Sé que para ella repetir esa información le da cierto sosiego. Sino puede controlar la situación, al menos está en control de la información, por más correcta o equivocada que está pueda ser.

“Creo que está congestionada… qué no se puede mover. A mí así me dio una vez, que no podía moverme… Y así frotándome el estómago se me quitó”

La doña me muestra sobándose en dicha área. Me pregunto en dónde he terminado, estoy con un cuchillo barato de cocina intentando abrir una puerta, del cuarto escucho los gemidos de la muchacha, suaves y angustiados: “Ayuda”. Qué es esto? Cámara escondida? Quién es esta ‘niña’? Alguna adolescente jugándonos una muy pesada broma?

A diferencia de lo que las películas muestran, una puerta de madera común y corriente no abre sólo de un empujón. Ni con cuchillos de cocina. Sé que es inútil. Corro por martillo y desarmadores a mi hogar. El guardia me mira con poco interés. Sí señor, disculpe que lo hayamos despertado.

De regreso, mejor equipado, me esmero en mi cometido. Tenía una puerta por abrir y mi primitivo cerebro masculino había aceptado el reto: esa puerta habría de abrirse, eso estaba decidido, ya fuera reventándola a mazasos. Atentando con esta certeza impuesta a mí mismo, la doña marca el número de emergencias. Desconozco si por los nervios o por costumbre les da malas direcciones. No señora, la calle en la que estamos no es esa… en qué está pensando?

La operadora no ubica ni entiende las direcciones. El auricular pasa a mi poder mientras martillo. Sí… efectivamente, no puede salir la muchacha… no sabemos lo que le pasa, la calle es tal y cual… cuánto tardarán?... gracias. Fantástico, ahora, en caso de que no pueda abrir la puerta, al menos mi orgullo masculino se sentirá redimido tras haber situado –cual sabueso- al equipo de emergencia en el camino correcto.

La puerta cede. La ‘niña’ por fin se presenta ante mí. Veinteañera, mestiza, rechonchita de pelo pintado, yace en la cama desnuda y ladeada. Una laptop abierta permanece justo cerca de sus manos. Platos de comida sucios usados pocas horas atrás. Su cuerpo efectivamente se rehúsa a movimientos voluntarios.  Su palabras son suaves gemidos.

“Niña qué le pasa? Comió algo? Qué tiene?”
“No puedo… me duele…”
“Mire, la voy a voltear… venga”
“Me duele… nooo… “

Salgo a la calle a esperar al equipo de emergencias. En esta ciudad de inseguridades, siento una extraña sensación de placer y ansiedad al ver -y permanecer expuesto- mi calle de todos los días a esas horas de la noche. Las cosas que uno puede envidiarle a Europa.  La calle es fría, un par de luces solamente, ningún alma en derredor… Sólo el guardia que permanece resguardado a unos cuantos metros de distancia. Mejor no contar con él en caso de auxilio.

La esperada caravana llega casi 15min. más tarde. Parecen ‘homies’, serán? Quizás han reencaminado sus vidas después de ser deportados. Eso o auscultan casas para asaltar con ese ventajoso trabajo. Como sea, no hay de otra más que aceptar la ayuda. El interrogatorio comienza. “Qué comió mamita?” “Se puede mover?” “Ha bebido?”

“No, la niña es bien sana… ella no toma, no consume esas cosas… no… algo que habrá comido será, le puede mover la panzita… así me curé yo”

Miradas de incredulidad de los rescatistas a mí persona. “Moverle la panzita?” parecen decirme. Yo que sé. Uds. sabrán de su trabajo, yo ya hice mi parte. De hecho, por qué sigo aquí? Uno de los rescatistas me muestra una botella de vodka vacía que estaba justo bajo la mesa de noche. Me la señala y se acerca a mí cual si yo fuera pariente. “Ve! Mire en lo que andaba la niña” parece decirme. La chica vomita en ese momento. Entra la policía (para protegernos de los ‘homies’?). Los actores de la obra por fin están completos.

Mientras siguen las averiguaciones y discusiones mi mirada se pierde en la casa. Enfoco el diploma de la doña en el pasillo de las escaleras. Joven, feliz, doctora, fecha de graduación en la década de los 80. Cómo se llega de ese momento de promesas a este, en el que no se puede ni siquiera dar direcciones correctas a unos extraños que podrían salvar a una persona que cuidas y amas?

Los rescatistas han conseguido bajar a la chica en camilla pese a lo estrecho del paso. Bajan todos, abordan vehículos. Camino al hospital. Se acabaron las emociones, por lo menos para mi persona. Otro día las veré entrando a su casa, miraré a otra parte y me haré el desentendido, prefiero cierta distancia entre vecinos. Tú no me reconocerás, pero no importa, no lo resentiré. Fue simple casualidad… estar en casa ese día todavía alerta, dispuesto a forzar una puerta en una casa extraña a esas horas.

Quizás mañana termino ese video en Youtube.

Friday, June 1, 2012

Ideas Dispersas al Filo de las 12

I

Caminaba con parsimonia junto a mi padre entre los pasillos del súper. Esperábamos los dos a su mujer, quien deambulaba entre alguno de los tantos otros corredores buscando un sinnúmero de productos para su tiendita. De pronto aparecieron ante mi vista… no, no era ningún objeto extraordinario señor lector, sin embargo eran merecedores de toda mi atención, tan siquiera por unos breves segundos: jabones de bola para la pila.

Admito que tras doce años en los Yunais existe una serie de implementos cotidianos de esta tierra indómita que despiertan las más tiernas e inesperadas añoranzas. Generalmente en los momentos menos esperados. Así que ahí estaban, esos objetos de mis recuerdos infantiles-juveniles, ahora materializados en todo tipo de colores, listos para ser auscultados y corroborados con las distantes memorias.

Primera sorpresa, las marcas han cambiado. ¿Qué pasó con Jabón Pueblo? ¿Ya no existe? Si fueramos como los gringos, podría buscar en el inter y descubrir con todos sus pormenores los altibajos del producto y los tristes eventos que conllevaron a su desaparición. Pero bien, siendo que estamos en Centro América, que sólo vive del día a día y en que la Historia resulta ser un canal de TV importado, solamente me queda resignarme a la incógnita.

Segunda sorpresa, ahora los jabones vienen ‘aromatizados’. De Naranja, de Limón, de Manzanilla y Sábila. Joder… ahora no sé si lavar con ellos o comérmelos. ¿Qué efecto causa en la ropa? ¿Si lavará mis prendas con diferentes jabones, tendría olor a ensalada? Pantalones de limón, camisa de naranja, calzoncillos de sábila… menudo complejo de frutera. Desconozco que extrañas maquinaciones se han dado alrededor del mundo para que esta obsesión odorífica se haya propagado en casi todos los ámbitos de nuestras vidas. Pero hoy día es norma y supongo que me agrada ver los jabones de mis recuerdos todavía en existencia… con todo y sus pequeñas concesiones al exigente mercado globalizado de nuestros días.

II

Recuerdo claramente mi primer viaje como visitante al país, en diciembre de 1991. Entré por tierra desde Guatemala en bus, acompañado por mi mejor amigo y su madre. A medida que nos desplazábamos la nostalgia me sobrecogía y para horror de mis acompañantes, todo me parecía absolutamente hermoso. Desde la basura en la calle, a las casa de bahareque, a los niños descalzos, y hasta los buses expidiendo sus nefastas fumarolas. Particularmente recuerdo la imagen de los buses, con mi amigo exasperado ante mi añoranza. Ahí estaba yo concediéndoles a los buses un lugar de mérito en esta imagen que se me entretenía como ‘pintoresca’. Lo admito, una cosa era vivir con un recuerdo y otra muy diferente vivir con este.

Con este, serán ya diez los años que llevo de haber retornado. Aunque ahora me toca vivir con mi ‘recuerdo’ a diario, y sufro de las intoxicaciones del caso cada vez que olvido subir la ventana de mi auto, nunca olvido aquel momento de arrebato nostálgico. No intentaré justificarlo. ¿Cómo defender a esas cajas de la muerte? Ni pensarlo.

Sin embargo, sí considero que los salvadoreños pecamos de negativos y que si ‘coqueáramos’ el asunto, los buses no sólo serían una ‘marca de país’, sino también una importante fuente de ingresos. ¿No podríamos venderles a los extranjeros viajecitos en la 109, ruta Troncal del Norte, como ‘extreme sport’? ¿Y pasajes a suicidas potenciales en cualquiera de nuestras rutas más notorias: la asesina 101 o la decapitadora 38 por ejemplo? Las posibilidades son, honestamente, inagotables.

Por otro lado, recuerdo en los Yunais una campaña a manos de las plantas energéticas a base de carbón en donde alegaban que no necesitaban disminuir sus niveles de emisiones. Se defendían explicando que el dióxido de carbono era alimento para las plantas y que mientras más emitieran, más vegetación existiría. Ok… si tenían la caradura para decir semejantes ideas en el norte, ¿qué no podríamos alegar aquí? Con los niveles industriales que se expelen en nuestras calles día tras día, quizás con una buena campaña de reforestación hasta podríamos pedir fondos internacionales por retención de carbono en nuestro país. Después de todo, con nuestra flota de buses, en unos 5 años, plantando los arbolitos necesarios, y con la segura sobredosis de dióxido de carbono, nuestro territorio sería un vergel sólo equiparable al Amazonas. Compensaríamos por nuestras emisiones y hasta por las de países vecinos.

Como sea, cada vez que vea un bus en su decaído estado expidiendo CO2 como sólo ellos pueden, piénselo antes de quejarse; puede ser un recurso no aprovechado y puede que hasta algún helecho recubierto en hollín esté más que agradecido.

III

Pequeño anexo al tema de los buses. Admitámoslo, los salvadoreños somos cachimbones. Bien, quizás seamos algo violentos y a ratos malintencionados, y puede que no nos guste trabajar en conjunto, pero en realidad hay entre nosotros todo tipo de cualidades que son de admirar, todas ellas muy subvaloradas en el mercado liberal global.

Miremos a los buseros detenidamente. Si es cierto que tienen su mala fama por descorteses, irrespetuosos, y abusivos (y uno que otro accidente trágico), la mayoría de ellos son ejemplos notables del ‘multitasking’ que tanto alaban los nórdicos. Después de todo, hay que verlos en un día de trabajo; no sólo manejan, estos genios multidisciplinarios también se dedican a: monitorear llamadas en sus celulares, textear, cobrar el pasaje y dar cambio, piropear a las bichas, hacerle la compra ‘a la doña’, buscar la canción ‘de fondo’ en el MP3, recoger al bichito de la ‘otra’, putear a los conductores, saludar a sus cheros, vigiar los calzones de las bichas en el retrovisor, sobrellevar la goma, pagar la ‘renta’, cobrar la ‘renta’, etc. Todo esto, mientras conducen. Cualquier anglosajón fracasaría en tan siquiera intentar emular a uno de estos asombrosos talentos bípedos del mundo automotriz.

Así que, ante Uds. Señores buseros, me quito el sombrero respetuosamente (sin dejar de mirar a mi espalda, que si me descuido, me lleva uno de estos cabrones).

IV

Mientras curioseábamos en Youtube, no con poco estupor, mi chica y yo tomábamos un paseo virtual a través de un galante, pujante, y muy a la moda ‘bar de agua’ en la gran ciudad de Nueva Amsterdam (New York, para los que no prestan atención a esos pormenores históricos).

Trabajé en Los Angeles, coqueteando con Hollywood a lo lejos, y confieso que el tema de todo tipo de excesos no me es extraño. Para caprichos extraños, Hollywood da las más reconocidas cátedras. Que un bar en New York pueda subsistir vendiendo botellas de agua a $50 no me es del todo insólito. Para mi chica, hija de este terruño, en donde le duele soltar los dos dólares con veinte por la botella de Agua Cristal, el asunto era una burla absurda, una tomadura de pelo, un inaudito robo a mano armada con víctimas más que dispuestas a ser subyugadas para colmo.

Supongo que concuerdo; entre tantas necesidades, defender excesos es injustificable (pero para todos, secretamente, envidiables). ¿Botellas de agua de $50? ¿Sí, cuantas desea?... ¿Ajá, señor ejecutivo, no desea un fin de semana cazando codornices por $35,000 euros? ¿Para cuántos la reserva? ¿Ah, señor rey de España… qué tal una cacería de elefantes? Con todo gusto, aquí estamos para servirle.

Pero bien, nuevamente lo que percibo aquí son más oportunidades desperdiciadas. Después de todo miremos fijamente varios productos, de fama internacional, de mucho prestigio, de elevado costo y muy, muy preciados entre la gente de ‘éxito’:

El caviar: ¿Lo han probado? ¿A alguien le gusta? ¿Por qué tanta alharaca por unos huevos de pescado?

Los caracoles franceses: Ok, admito que me gustan… ¿Pero justifican tanta fama? ¿No tenemos también nosotros suficientes caracoles como para competir con ellos? ¿Si buscáramos con ahínco, no encontraríamos algún caracol cuzcatleco que fascine a los hijos de Rosseau?

El Blowfish: Este no sólo es costoso, sino que encima de eso, puede culminar en una lenta y dolorosa muerte. Esa sí que es una ‘sobadura’ mayor señores; encima de pagar por la cama, amanecer de pata estirada y retorcida en ella.

Sugiero por ende investigar el mercado de las aguas en nuestra nación para su exportación a precios desorbitantes. Primero, buscar un manantial natural prístino, alguno de los pocos que nos queden. ¿Qué no tenemos el cachét de las aguas tibetanas de $50? ¿Por qué no habríamos de tenerlo? ¿No tiene más mérito vender a alto costo la poca agua cristalina que todavía subsiste en un territorio altamente contaminado? O sea, después de todo, ¿Cuán difícil es extraer agua pura en el Tibet? No mucho, señores, no mucho. En realidad, el mérito de ellos es poco y el nuestro sería incalculable.

Y para los naturistas, ¿qué tal agua azufrada de nuestros volcanes? ¿Me preguntan, qué uso le darán los naturistas? Pues lo desconozco, pero algo se les ocurrirá. A esos entusiastas, con decirles que viene de la madre tierra, algún uso se esforzarán en hallarle.

Si ninguna de estas opciones funciona, siempre podemos considerar la opción ‘extreme’, distribuyendo aguas contaminadas del Sitio del Niño o el Acelhuate. Al final, todo es cuestión de ‘marketing’. Si los japoneses se han hecho famosos con un plato mortal de pescado, ¿por qué no habríamos de hacerlo nosotros con aguas del Acelhuate?

Es cuestión de ‘coquearlo’ señores, solamente.

PD: Favor manejar la información sobre las botellas ‘conneisseur’ lejos de los oídos de Mauricio. Ya no le bastarán las de marca Evian y nos tocará costearlas.



Wednesday, February 29, 2012

Roberto Edmundo Canessa

Uno de los aspectos más frustrantes en el análisis de las secuelas de la guerra en El Salvador es la falta de trasfondo a los antecedentes de esta y los actores involucrados. En el imaginario colectivo se habla del conflicto armado como si el descontento social hubiera surgido espontáneamente en el año 1979, agitado por ‘conspiradores internacionales’ o por ‘un sector del pueblo salvadoreño cansado de la represión militar’, dependiendo del punto de vista de quien hable. A veces, con suerte, se llega a mencionar de un ‘fraude electoral’ en 1972.

Un triste aspecto de nuestra realidad política actual es que se ha invisibilizado casi por completo el fracasado papel que jugaron diferentes actores moderados de centro, izquierda y derecha en consolidar la democracia tras la caída del régimen de Maximiliano Martínez en 1944. Fue la constante frustración de estos intentos, a través de conjuras y actos de fuerza, las que desembocaron en el colapso de la república con las catastróficas consecuencias que todos conocemos.

En el país a todos los actores políticos les gusta presentarse como redentores; “Mi partido y sus fundadores SON los defensores de la democracia!”, “Mi partido corrió sangre por las libertades que tenemos!”, se nos dice una y otra vez. Pero en estos discursos solamente tienen cabida los “héroes” de los sobrevivientes, de los ‘ganadores’ de la guerra. Han quedado fuera una serie de figuras muy relevantes que en su momento ganaron gran respeto internacional, que jugaron con las reglas del juego, con política hecha y derecha, y que pese a ello –o debido a ello- vieron bloqueados sus intentos.

Ha sido lo normal asociar a varios de estos nombres con el ‘comunismo’ como en el caso de Guillermo Ungo y José Napoleón Duarte, ambos de tendencia social demócrata. No es de extrañar que el régimen les achacara de ‘rojos’, en estas latitudes, socialismo, socialdemocracia y comunismo son lo mismo para los poderes de facto. Sin embargo, más perdido en los anales de la historia aparece un caso mucho más revelador sobre la intransigencia del régimen; el de Roberto Edmundo Canessa, caficultor de familia pudiente de occidente, canciller estrella de la administración del Cnel. Osorio, candidato presidencial de la oposición para las elecciones de 1955 y víctima de la represión del gobierno de José María Lemus.

Canessa, originario de Santiago de María, ganó notoriedad como presidente de la Asociación Cafetalera de El Salvador. Desde allí, promovió la creación de FEDECAME (Federación Cafetalera de Centroamérica y México), asociación de países productores del café surgida poco tiempo después de la segunda guerra mundial. A través de FEDECAME, Canessa negocia para obtener un precio ‘real’ para el grano oro en el mercado mundial, gestiones que le ganaron no poca animosidad con los Estados Unidos. Tras sus esfuerzos, el valor del café se fue elevando progresivamente, no sin recibir el esperado renegar de los norteamericanos. Tras entrevista con Canessa La Prensa Gráfica, enero 31, 1954, resumía: “niega que el alza de precios se deba a especulaciones bursátiles y dice que si los norteamericanos desean pagar menos por una taza de café, los países latinoamericanos productores de esos artículos también desean pagar menos por los automóviles, refrigeradoras y otras mercancías de Estados Unidos”.

Tras esto, la vida del hombre ascendió rápidamente tanto en el ámbito internacional como el nacional: durante la administración del Cnel. Osorio fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores y de Justicia y junto con el canciller de Guatemala impulsó la conformación de la ODECA (hoy en día SICA), promovió y firmó el tratado de libre comercio con Nicaragua, intervino en pro del asilo del perseguido político Víctor Raúl de la Haya (tensando las relaciones con Perú) y promovió la creación de una Corte Interamericana de Justicia (para aquellos con-nacionales que tienen procesos abiertos en la corte y se quejan de esta hoy en día, que sepan que fue propuesta inicial de nuestra nación), como Ministro de Justicia intentó mejorar las condiciones de los centros penales, intentado resolver los problemas de indisciplina y mejorar las condiciones de alimentación y salud.

Misteriosamente –y estas serán dudas imposibles de aclarar ya que los actores han desaparecido-  a pesar de que la gestión del Canciller poseía amplio respaldo continental su relación con el régimen se enfrío progresivamente. Aquí damos inicio nuevamente al típico escenario de recelos e intereses mezquinos inescrutables que se han dado en nuestra nación por siglos. Canessa renuncia y funda el Partido de Acción Nacional -PAN. Osorio, otrora su protector, se convierte en acérrimo enemigo, calificándolo de comunista y poniendo al régimen en su contra. Por otro lado, otros sectores lo acusan de ‘pro-yanqui’ y fascista.

Automáticamente, el  PAN parece obtener amplio apoyo de bases populares, su campaña recibe buena cobertura mediática y recorren buena parte del país congregando populosos mítines (Canessa es un ‘darling’ de los medios gracias a su labor como canciller. Altamirano, fundador del Diario de Hoy parece ser gran admirador suyo). En San Miguel se habla de que hubo ‘un río humano del Panteón a la Catedral’, otro gran mitín en Santa Ana. El régimen intenta frenar sus aspiraciones; en Ahuachapán la energía eléctrica es misteriosamente desconectada en la plaza durante su discurso, en Jiquilisco su comitiva es atacada, con varios correligionarios heridos y presos por varios días.

Otros 4 partidos opositores, PAR, PDN, PDC y PAC deciden apoyar al PAN y apuestan por la coalición. El gobierno de Osorio decide que no se las va a jugar, a través del Concejo Central de Elecciones rechazan la candidatura presidencial de Canessa alegando que la partida de nacimiento de este presentaba ‘irregularidades’. Solamente al PAR y al PAC se les permite continuar en la contienda y aún estos se retiran pocos días antes de los comicios. Estos tienen lugar con el candidato oficial, José María Lemus, siendo el único ‘participante’. Obtiene –sin sorprender mucho- el 95% de los votos a su favor.

El desaire político parece haber calado hondo en Canessa. Este cae en semi retiro, participando poco en el ámbito en los años siguientes. En su lugar intenta reactivar su vida como empresario. Aún así, pocos años después, durante las revueltas estudiantiles en contra de la presidencia de Lemus http://www.laprensagrafica.com/opinion/editorial/149577-octubre-de-1960-golpe-de-estado.html, se ordena –inexplicablemente- la captura de Canessa. Es golpeado brutalmente en las bartolinas de la Policía Nacional, sufriendo varias contusiones en el cuerpo. Tras ciertas mediaciones, consigue ser refugiado en Guatemala. Pocos días después, Lemus es depuesto y su seguridad garantizada.

“CALIDO RECIBIMIENTO (La Prensa Gráfica, 31 Oct. 1960) – Objeto de cálido recibimiento por centenares de partidarios fue el ex candidato presidencial Roberto E. Canessa quien volvió el sábado a las cuatro de la tarde de Guatemala, donde estuvo refugiado después de los vejámenes que sufrió en la Policía, a raíz de los acontecimientos políticos que culminaron con la caída de José María Lemus. Los ciudadanos saltaron la valla del Aeropuerto y bajaron en hombros a Canessa, desde la portezuela del avión hasta conducirlo a su auto en medio de vivas y aplausos.”

Sin embargo la suerte estaba echada, la salud del ex Canciller siguió deplorando. Cuatro meses después moriría en la ciudad de New Orleáns a los 43 años.

Tuesday, February 14, 2012

Cuzcatlán

El texto a continuación es del poeta y periodista Santaneco Serafín Quiteño. Lo encontré mientras revisaba casualmente una vieja edición de Lecturas Nacionales. Lo comparto con Uds. por este medio, podrán ver que varios de sus planteamientos resultan todavía -tristemente- relevantes. 


CUZCATLAN
(Fragmento de una conferencia dictada en la Escuela Nacional de Maestros de Santa Ana en 1934)

A poco que ahondemos en la causa de nuestros males, advertimos que ellos obedecen a nuestra poca afirmación en la vida. Y no nos afirmamos porque padecemos pereza de pensar. Hay un complejo en el hombre que lo hace esperar todo ya hecho. Imagina que hay otros obligados a darle el conocimiento; a hacerle el camino; a traer la verdad y la felicidad con objetos tangibles, sin fijarse que todo lo que el hombre tiene lo ha creado él mismo y no tiene sino lo que ha sido capaz de crear.

Así, lo mismo que ocurrre en el individuo, ocurre en los pueblos. Nosotros, para el caso, somos Cuzcatlán. Pero nosotros no tenemos a Cuzcatlán, por la sencilla razón de que no lo hemos descubierto. Sabemos de El Salvador, con sus leyes, su bandera, su figura muerta en el mapa, sus problemas domésticos; pero en el fondo no sentimos la tierra, esa conexión del hombre con su realidad externa. Hasta hoy no ha habido una conciencia que se incorpore y pregunte: Qué somos, qué anhelamos, cuál es nuestro destino? No tenemos carácter propio y vivimos de prestado, ensayando por ver si resulta. Y es que nos desconocemos casi totalmente. Hemos andado buscando el alma nuestra en las enciclopedias y en las guías de turismo de la cultura importada.

Ese desconocimiento del medio que no es en esencia sino desconocimiento de nosotros mismos, nos obliga, a dar traspiés en todos los órdenes de actvidad. Carecemos de seguridad en nuestros actos. Y es que en el fondo ignoramos totalmente la razón de nuestros anhelos.

Es necesario que surja el artista que sea expresión de ese anhelo, para que de él se aprovechen los demás. Es necesario que esa sed de conocimientos venga como una profecía en los labios del hombre; para que ésta descubra el agua y la tome.

Expresar Cuzcatlán es lo que necesitamos para que se nos dé entero. Esa es la misión del artista, porque él es la voz de las cosas calladas y el oído del sordo y el ojo del ciego.

A propósito, me decían la vez pasada dos amigos jóvenes: Dónde vamos a aprender esa expresión?

Y yo les respondí esto: esa expresión no se aprende sino que se descubre, Cuzcatlán es un libro por editarse. Anda suelto por los caminos y corre por los ríos. Es hondo misticismo en los balsamares y canto pagano en los maizales.

Nos habla desde los ojos tristes del indio, cuya ternura rota aún no hemos podido sentir. Está en las playas que arden y en los ojos de agua que lloran. Se ha quedado en los pueblos, esperando nuestro retorno, desde la hierba que crece en los aleros y las iglesias que sueñan la Colonia. Y está en nosotros cada vez que tenemos el valor de ser sinceros y enseñarnos tal como somos.

Este desconocimiento del ambiente nos hace pensar en el alma de las cosas, que se revela en la conciencia, cuando el hombre hace una cosa sencillísima, pero al mismo tiempo difícil, como es VER.

Viendo, el hombre agudiza sus sentidos y su comprensión y entonces ya no anda desprevenido, sino alerta. Las cosas se le vuelven una vez. En cada manifestación de vida él advierte un misterio, un algo así como un clamor que lo llama a la comprensión de una nueva verdad...

Cuzcatlán es para nosotros un algo desconocido. PORQUE AUN NO LO HEMOS visto. Cuzcatlán pequeñito, tibio, doméstico es un tesoro inmenso pero está contenido en una lágrima de ternura. Aprendamos a llorar esa lágrima, a sentir ese canto, y todo él se nos dará en gozo de amor lejano y olvidado.

No sabría decirles si se ama porque se comprende o se comprende porque se ha amado mucho, pero lo cierto es que no amamos ni comprendemos el milagro de Cuzcatlán. En realidad lo que nos falta no es haber leído libros, sino corazón. Por eso no tenemos AMOR. Dónde hemos de encontrarlo si la fuente está seca y andamos inquiriéndolo afuera? Qué corazón le podríamos poner al mundo si aún no hemos sembrado esa semilla roja en nuestra propia entraña?

Sólo hay, amigos míos, un camino para poseer eternamente las cosas: amarlas  con el más alto amor, aquél que no pide, sino que da; aquél que se basta a sí mismo porque él es ya en sí una dicha sin medida.

Mientras busquemos a Cuzcatlán por otros caminos que no sean los de sentirlo hondamente, ahí estará como un tesoro guardado sólo para los pájaros y las bestias.

Unos lo cantarán bajo el gozo de sus mañanas infinitas. Los otros andarán ciegos viendo el suelo, recogiendo sus desperdicios, pero sin saber que Cuzcatlán es una maravilla sin límites. Una maravilla reservada al HOMBRE, cuando el hombre sea capaz de subir hasta ella.

Así, cuando el hombre haya encontrado su verdadero calor humano, se lo pondrá a su tierra. Cuando se lo haya puesto a su tierra, se lo podrá infundir al mundo. Y hasta entonces habremos hallado el camino de la felicidad. Por ahora, es el artista el llamado a romper las venas sobre el surco oscuro y a desbocarse como un potro para auspiciar el advenimiento de las espigas.

Friday, February 10, 2012

Catedral - de un día a otro (en realidad dos días)

El siguiente texto fue redactado a inicios de enero, recién ocurridos los hechos de la destrucción del mural de Llort. Lo presento tal y como lo dejé en aquella ocasión a pesar de las semanas ya pasadas. Espero en alguna manera -a pesar de este tardío post- mantener con vida el tema.

Me encontraba recién de regreso en San Salvador este pasado 31 de diciembre tras varios días de vacación en la vecina Guatemala. Nada como un cambio de aires para abandonar nuestra tragicomedia por unos días (sí, visitaba otra, lo sé). Entre la llegada, el desempacar y los planes que hacíamos para despedir el año, me vengo a enterar que unos pocos días antes el mural de Catedral había sido removido… A mazo y cincel, reventado en miles de fragmentos ahora irreconocibles. No bien había aterrizado del todo y esta noticia me da la bienvenida, embargando mi espíritu con una incredulidad y estupefacción a la que todavía no doy crédito: conozco la noticia, he visto las imágenes, pero todavía no encaja en mi mente que semejante acto de brutalidad ha tomado lugar.

Que nuestra sociedad tenga que entrar en una discusión de este tipo a estas alturas resulta ser tanto lamentable como ridículo. Que una decisión unilateral de tal envergadura –y en verdad insultante- haya tomado lugar sin mayor medición de la opinión del público borda en lo surreal, especialmente si tenemos en cuenta que dicha acción ha ocurrido en un edificio que siempre ha estado en la mirilla de la opinión pública, rodeado de controversias una y otra vez.

Las implicaciones de esto son varias; tiene repercusiones en el ámbito artístico-cultural, el jurídico y el ciudadano. Desdice mucho (y dice mucho) de lo que somos como sociedad y de lo que representa el frágil y endeble estado de derecho en el que supuestamente vivimos. En general el evento ha sido un insulto público y un terrible ejemplo sobre la poca importancia que se le da al patrimonio cultural. Que este acto haya  sido ejecutado por un ente supuestamente ‘educado’ como lo es la Iglesia Católica raya en lo cínico.

Empecemos con las implicaciones artístico-culturales; se ha destruido la obra de un artista nacional reconocido a nivel nacional e internacional. Hay quienes han objetado el gusto de la obra y su ubicación por años; ese no es el punto en este momento: el arte siempre es subjetivo. Que la obra de Llort se ha vuelto omnipresente es cierto, y esto inevitablemente conlleva recelos, cuestionamientos y resentimientos. “Porqué hemos de preservar cada obra que ha creado este señor?” dirán algunos. Pero quizás ese es precisamente el punto; si ha sido demolido el trabajo de un artista que desarrolló un estilo que hoy día es tan representativo del país, qué se puede esperar para artistas menos conocidos? Si ni siquiera Llort es salvaguardado, qué de todos aquellos cuyos nombres no resuenan en el imaginario colectivo? En un territorio en donde la naturaleza nos priva constantemente de nuestro acervo cultural con sus cataclismos, no debemos como sociedad hacer todo lo posible por conservar lo que está en nuestras manos proteger? Si encima de la voluntad impredecible de la naturaleza no tenemos la inteligencia, ni la disposición de tomar esfuerzos para dejarles un legado cultural a las futuras generaciones, seremos siempre una nación sin historia? Sin sentido de origen ni procedencia?

Entiendo que en su momento en los años 90 el proyecto fue presentado al público y apoyado por este (se donaban fondos para cada pieza del mosaico). Cualquier cuestionamiento sobre la obra debería haberse ventilado en aquel momento. Que la Catedral sufre de una esquizofrenia arquitectónica es cierto. Que la obra quizás no era apropiada para una catedral es discutible, pero siempre hay opciones aparte de la destrucción: la remoción sistematizada, su reubicación a través de un proceso de ingeniería. Independientemente de mi opinión sobre el mural, este era el único elemento verdaderamente distintivo en una estructura que es por lo general anónima y carente de estilo.

Sumamente irónico ha resultado ser que el proceso de construcción fue un evento de involucramiento ciudadano mientras que su destrucción ha sido tratada con un hermetismo que borda en malicia. Aún con las pírricas disculpas y tristes explicaciones que la Iglesia ha brindado, han mantenido silencio sobre las intenciones de remodelación, sobre los cambios que pretenden desarrollar con el edificio.

Entramos ahora en los ámbitos jurídicos y ciudadanos. Qué consecuencias tiene esto en nuestro día a día para el ciudadano promedio? Pocas pensarán muchos, entre preocupaciones que les son más apremiantes. Pero examinemos detenidamente el asunto: una entidad reconocida de amplia influencia en la sociedad salvadoreña –la Iglesia- ha violado varias regulaciones, saltado leyes y disposiciones jurídicas para realizar la obra que ellos desean en un espacio urbano de por sí caótico. Dónde queda su discurso –dominical por radio y TV- de que hay que dialogar, apoyar la democracia, llegar a consensos, de que debemos acabar con la impunidad y la violencia?

Otros dirán “Porqué si el edificio pertenece a la Iglesia, no puede esta hacer lo que ella desee con él? No es lo que le pertenece a uno de uno para hacer con este lo que uno quiera?” La respuesta es sí y no. Y es aquí donde nuestra concepción democrática resulta tan pobre, el mal entendido concepto de ‘libertad’. “Libertad” no es para hacer cualquier cosa que le venga en gana al ciudadano; son libertades civiles con obligaciones y derechos estipulados en la constitución y en nuestras leyes. El edificio será de la Iglesia, pero este debe regirse bajo las varias ordenanzas y leyes que el régimen jurídico establece. Si la iglesia no respeta esas disposiciones, qué ejemplo da al ciudadano promedio?

Entendamos también que Catedral es un elemento clave en el imaginario colectivo urbano. Nuestros señores de la Iglesia han viajado alrededor del mundo, visitado Roma y el Vaticano y bien saben –tras esas visitas- que en las ciudades existen espacios y edificios públicos que están sujetos a satisfacer las exigencias estéticas y urbanas de la ciudadanía. Que existen entes reguladores que estudian y analizan cualquier cambio a ejecutarse en un edificio o espacio público prominente y que estos cambios tienen que ser acordes a las necesidades y gustos de la ciudadanía (en nuestra San Salvador tal ente desapareció a inicios de los 70, a su defecto, contamos con Alcaldía y Secultura).

Cuán importante es el ordenamiento, el consenso, las decisiones especializas en nuestros espacios y edificios públicos? Lo son sumamente. Cada vez que nos desplazamos por San Salvador y vemos sus caóticas calles, sus estrechas avenidas, sus peculiares y confusas intersecciones, muchas han sido el resultado de procesos no regulados durante los últimos 30 años. Es esto lo que deseamos? Deseamos más ejemplos de acciones unilaterales que afectan el sentir del colectivo? Si el proceso de pedir permisos y consultas públicas puede sonar engorroso, lo es. La democracia no es lineal ni pronta ni infalible. Aquellos que tienen bajo su cuidado estos bienes materiales tienen que acarrear toda la responsabilidad que esto implica. Comunicar sus planes es el mínimo que pueden hacer. Para aquellos que nos interesan estos temas, nos permite sentirnos parte, dar opinión y sentir que nuestras aspiraciones de la ciudad que deseamos no han sido risiblemente burladas.

En general todo este evento refleja las pobres concepciones democráticas que tienen nuestras instituciones. Por un lado tenemos a una Iglesia que nos dice “no sabíamos de esas regulaciones ni de el proceso para declarar el mural patrimonio”. Absurdo, dado el nivel de educación que supuestamente tienen y dado los países que han visitado y círculos en que se desenvuelven. Semanalmente nos dan su opinión sobre política, economía y sociedad y ahora nos dicen que ni siquiera conocen las leyes que rigen las propiedades bajo sus cuidados. Por otro lado nos predican y dan el mensaje de ‘democracia’ y ‘transparencia’ y son incapaces de ponerlos en práctica. Ruegan para que acabe la impunidad en nuestro país y ahora que ellos han quebrantado la ley y los procesos le piden al gobierno que por favor no los procesen, autoexcluyéndose de esa supuesta súplica para que acabe la impunidad. Por último imponen sus acciones a la ciudadanía, destruyendo la obra de un artista en una forma que solamente puede definirse como violenta; puesto que han impuesto su voluntad sobre la de otros. Resumiendo, las acciones dadas reflejan la eterna confusión de esta nación que transita entre ideales importados: se habla de la democracia, de la transparencia y del consenso –estructurados bajo modelos europeos- pero no existe la verdadera voluntad de adoptar los procesos que conllevan a esos resultados.

Desdice mucho de nuestro supuesto estado de derecho estos recientes acontecimientos, cosa que no es sorpresa para nadie. Una entidad supuestamente entendida y respetable actuando arbitrariamente saltando las trabas legales que en papel existen. Un estado lento, débil e ineficiente que no podrá hacer mayor cosa al respecto gracias a gobiernos centrales y legisladores que simplemente se han dedicado a crear leyes de redacción confusa, siendo impracticables e inaplicables y cuyo único objetivo es que la ley sea eso: inaplicable e impracticable (después de todo, el objetivo de esas leyes suele ser el de obstaculizar el trabajo del gobierno de turno o del partido de oposición). Y aún así, si la ley existe y por accidente tiene atisbos de ser aplicable nuevamente conspiran el gobierno central y legisladores; rehusándose a depurar el sistema judicial, un sistema judicial que si apenas condena actos que atentan contra la integridad física de los ciudadanos, mucho menos lo harán con actos que atentan contra el intelecto y la cultura.

En los días antes de mi viaje a Guate, observaba la capital desde el volcán. Podía vislumbrar sus monótonas estructuras, sus aburridos edificios, con la silueta de los cerros y montañas como principal trasfondo brindándole identidad a la ciudad. Entre todo ese patrón de “cajitas anónimas” asomaba Catedral con sus peculiares torres de patrón zigzagueante amarillo-azul. “Al menos reconozco esa catedral a kilómetros de distancia…” es de lo poco reconocible en la ciudad… Una marca de identidad que dice: San Salvador. Una marca que supongo pronto desaparecerá y para la cual ni siquiera se me avisó. Para la cual no pude prepararme mentalmente. Una decisión disparatada, que me hace burla como supuesto ciudadano que soy. Una decisión que como en muchas otras ocasiones –lo más seguro- pasará a la historia sin consecuencias, sin multas ni castigos ni reivindicaciones para el intelecto y el sentir humano.